Buscar

KASILÍNEAS

Artículos que coquetean con diversos ámbitos como estrategia para pensar-nos.

Leer

Las ironías: de Sócrates a Chávez

Las ironías: de Sócrates a Chávez

¿Qué es la política?

En la introducción al texto de Hanna Arendt que lleva por título esta pregunta, se distinguen tres nociones aparentemente cercanas: labor, trabajo y acción. La primera se refiere a un ciclo muy cercano a la relación respetuosa del hombre con la naturaleza, la labor con la naturaleza como relación necesaria, más cercana a la necesidad y a la alimentación. El trabajo adviene en el tiempo moderno donde la fábrica y la lógica de la producción transforman esta relación laboriosa en trabajo, donde según Arendt el fin se encuentra determinado en la aparición del objeto. El mundo se vuelve entonces objetal. Mientras que la acción marca un inicio, se diferencia de la labor que se presenta como un continuum, pero  al igual que el trabajo ostenta un inicio claro, un antes; sin embargo, se diferencia de éste porque no tiene un fin, modifica el estado de las cosas, las relaciones, pero sin ser posible prever las consecuencias y su alcance. Además, la acción amerita un sujeto. El sujeto emerge en ese instante de la acción, es un acto individual. Arendt lo relaciona con la actuación y el nacimiento donde algo aparece, se muestra. Diremos entonces que la acción es coaptativa del mostrarse (el mostrarse el cuerpo) y eso llevará a ubicar al espacio político como un lugar donde un hombre hace una acción. En estos términos, coloca el espacio político como un espacio donde se hace lazo pero desde la acción individual.

Es a partir de esta noción de acción que puede elaborarse la pluralidad como relación de lo distinto y de allí valorar la libertad como esa posibilidad de acción del hombre. La política entonces es el espacio donde lo individual de un hombre puede mostrarse. El ser, no sería más que esa apariencia que se muestra en la acción. Pero además, Arendt insiste en que esa mostración del hombre no puede realizarse si no es en la palabra.

Pero,  la palabra es inconsistente en tanto responde al sentido metonímico y sólo podemos captar su verdad en retroacción, una vez que la cadena significante ha transcurrido. Asimismo, el hombre en la acción política es ajeno a su narrativa, desconoce su significado hasta tanto se desarrolle sincrónicamente. Esta verdad está velada por los semblantes, las apariencias. ¿Es eso lo que permite el vínculo? El vínculo por la vía de la fraternidad y la compasión, señala Arendt, no puede producir el acto político porque éstas relaciones no permiten la singularidad y por tanto la diferencia. Es la lógica del uno y de lo único lo que allí estaría primando. Desde allí no habría lazo.

Arendt advierte un peligro: “Una errónea asimilación de lo que está en juego en la política – en lugar de considerarla la posibilidad de un ámbito plural en el que quienes participan se revelan como alguien y conceden durabilidad al mundo, entenderla en términos de relación entre dominadores y dominados – nos conduzca a la tentación de librarnos de ella y considerar que en el lugar del poder no hay nadie.” “Esto significa el más terrible de los despotismos: no hay nadie que pueda hablar con este Nadie ni protestar ante él”.
La errónea asimilación del juego político que Arendt advierte, se presenta hoy como una certeza: “No hay nadie que pueda hablar con este Nadie ni protestar ante él” .

Para Jorge Alemán la posible respuesta a la caída del orden simbólico está en la política, una política que responda del acontecimiento en tanto un fenómeno sorpresivo que no es resultado de la premeditación perversa del capital y el estado: “un acontecimiento es algo que no estaba previsto. Y un acontecimiento político es algo que no está controlado ni por el capital ni por el estado. Y podría haber política en la medida que apareciera un sujeto que sea capaz de subjetivar, y de ser fiel a ese acontecimiento.”

Rescatemos la frase “Podría haber política”, entonces quiere decir que no la hay. En la misma entrevista Alemán señala que el orden simbólico tiene relación con la verdad, no en tanto la construye o especula sobre ella; sino en tanto existe una verdad descifrable que interpele al sujeto en su posición. Se trata entonces de que esa verdad retorne como acontecimiento y sea la política la que se haga cargo de tramitarla en tanto tal. La política necesita entonces de sujetos que sepan descifrar y tomarse el tiempo para ello, pero que además, confronten la posición subjetiva de los ciudadanos. Es decir, que vaya contra el goce y hacia el sujeto.
Por otra parte, Alemán distingue ciencia de técnica: “La técnica no tiene ningún objeto. Al contrario: es la integración de todos esos saberes al servicio de destruir la imposibilidad, al servicio de producir un nuevo tipo de realidad donde lo imposible no tenga lugar. En la ciencia había imposible, había límite. La técnica es la introducción de lo ilimitado. En la técnica, lo imposible quedó erradicado, y prolifera, se expande de una manera rizomática, transversal, conectando todo con todo. Entonces se vuelve más difícil establecer un corte. Esta no es la época de la ciencia sino de la técnica.”

Sin embargo, es difícil no confundir este comportamiento de la técnica con el de la política actual. Resulta que lo que se ofrece desde el poder político es la garantía de la no limitación, colocándose así del lado de la lógica del capital y de la técnica. Pero la técnica, para Ortega y Gasset no es un fenómeno ni contemporáneo ni contingente, más bien lo atribuye a una búsqueda de satisfacción del hombre por la construcción de instrumentos, por la elaboración de herramientas en sí misma y no con el supuesto objeto de satisfacer necesidades primarias. Así, el concepto de técnica en Ortega y Gasset se acerca al de pulsión de Freud cuya finalidad es el recorrido más allá del objeto, el cual siempre resulta inalcanzable. La técnica, como la pulsión, no se satisface y he aquí que la humanidad ha perseguido, con el cayado antes y con el GPS hoy, un objeto imposible de alcanzar.

La política hoy imita a la técnica en su sin objeto. Crea una realidad donde lo imposible no tiene lugar, como explica Alemán. Se presenta entonces incapaz de responder por el necesario desciframiento de la realidad, es parte el continuum pulsional. A diferencia de Alemán, no creemos que éste sea el lugar que pueda resistir al incesante movimiento del discurso capitalista en tanto, como lo indica el discurso de la hipermodernidad, está fuera de su lugar. No existe correspondencia si entendemos por política el espacio para la relación social a partir de las diferencias pero en igualdad, tal como la entendía Arendt, como el lugar de los hombres en plural. No estamos hoy delante de esa política. Estamos en la tecno-política. Espacio que garantiza el goce del hombre, en singular.

La tecno-política es un lugar irónico pues muestra la falta de correspondencia esencial. Evidencia lo que no marcha en lo simbólico y produce la anamorfosis del semblante. Si el nuevo imperativo de la política es ¡goza!, no hay esfuerzo por procurar lazo social. En “El retorno de lo político” Jorge Alemán nos brinda mayor claridad sobre esto:

“No, la singularidad no puede ser producida, llamo político al instante en donde el sujeto adviene y llamo política –en cambio– a las producciones de subjetividad, y esta es una diferencia que me parece grave, si esto se confunde, si se borra ese momento inaugural, estructural, si ustedes quieren “ontológico” de la constitución misma de esa singularidad donde hay en cada uno algo irrepetible, eso que nos hace ser a cada uno quienes somos, si se borra eso, y se confunde con la producción de subjetividades, como dije antes, entonces finalmente el poder ha realizado su crimen perfecto y no hay ya ningún lugar ni para ejercer resistencia, ni para recuperar los legados históricos, ni para practicar la rememoración y la invención. Así que esta es mi primera distinción clave entre lo político y la política, la política es todo eso que surge de los dispositivos del poder del capital y en cambio llamo político a lo “inapropiable”.

No es entonces en la política donde podamos hallar al sujeto capaz de descifrar la verdad del acontecimiento. Aparece entonces lo político como llamamiento a lo más singular de los sujetos, el espacio donde podría construirse el lazo, la pluralidad desde lo singular. “Esta singularidad, que surge en el advenimiento de “lalengua”, y que es el lugar en donde efectivamente los retornos, entre ellos el retorno de lo político, se puede llevar a cabo.”

No nos interesa aquí discutir la esperanzada propuesta de Alemán, más bien, nos interesa distinguir los efectos subjetivos de agentes colocados en un lugar que hoy se muestra desplazado y confuso.
En otro momento, Alemán señaló lo que para él es la política: “Simultánea experiencia de la posibilidad e imposibilidad de la emancipación”.

 

La ironía en el neopopulismo

Proponemos el estudio de la ironía en el discurso neopopulista en la época de la globalidad. Es allí donde ubicamos el agente irónico actual que leemos como síntoma de la época en tanto lo reconocemos como uno de los nombres del malestar social, debido a que, como aprendimos con Freud, el malestar es condición inherente de lo humano. De esta manera, la fenomenología de la ironía nos puede revelar un nuevo rasgo, un nuevo dato para el análisis de los efectos sociales que nos proponemos.

Con el neopopulismo a la política ya no le corresponde propiciar el ordenamiento simbólico de lo social como un todo, esto parece haber cambiado y ése cambio podemos leerlo a través del uso que hace de la ironía. La ironía aparece de una forma problemática, en tanto causa modificaciones en el sujeto y sus posibilidades de elección y constitución desde su ámbito social. Postulamos que la ironía aparece hoy de una manera distinta, inscribiéndose así entre los fenómenos propios del mecanismo de la globalidad mostrado por Strozzi a partir de la contrastación entre la época de la modernidad y la globalidad. Su elaboración nos permite verificar un cambio de época con el apoyo de los discursos elaborados por Lacan: el discurso del amo y el discurso capitalista. El pasaje del primero al segundo nos orienta hacia la comprensión del viraje ocurrido en el lazo social propio de la modernidad al de la globalidad.
En la modernidad, el lazo social funcionaba a partir de la prohibición. Con el ideal como agente se podía leer la limitación del goce y la existencia de estructuras sociales como la familia tradicional con la auctoritas del padre y sus prolongaciones en roles como el Maestro, el Jefe, el Médico, etc. Esto ha cambiado en la contemporaneidad. El ordenamiento social actual no responde a esta forma de hacer vínculo. Los ideales hoy no orientan al sujeto y la prohibición no se registra como lo que genera malestar, más bien, su desaparición se manifiesta como una nueva causa.

De una a otra Ironía

Como efecto de esta caída de los ideales hemos registrado un cambio en el uso de la ironía en el discurso político. Este recurso irónico es potencialmente mortificante, pues, paradójicamente, es enunciado por un agente que, aunque ocupa el lugar del poder, es débil en términos simbólicos: débil para sostener la ley y un orden garante de los vínculos sociales. Los efectos subjetivos de esta transformación son los que nos interesan. ¿Qué produce en el sujeto contemporáneo este nuevo uso de la ironía en el discurso neopopulista?
Si tradicionalmente la política había sido la acción que servía para intervenir en el mundo, en el orden social como un todo; en la globalidad, bajo la nueva formulación populista esto ya no es así. El neopopulismo dirige su acción no hacia el todo social, sino a la fracción del partido. Es decir, fragmenta el mundo ubicando el conflicto en la división: “ustedes contra nosotros.”
Por su parte, el psicoanálisis enuncia que la sociedad es un ideal. No existe en la realidad sino como una fantasía necesaria para crear la ilusión de seguridad, de confianza, de garantía necesaria para la vida de los sujetos. En la realidad, el vínculo social se da de forma fragmentada, pero esta ilusión de totalidad es necesaria para la tranquilidad de los sujetos. Sigamos este pensamiento de Jaques Allain Miller: “Lacan llama lazo social -no se interesa por la sociedad- a la articulación de dos lugares y esto justifica preguntarse cada vez quién es dominante y quién es dominado. Él considera que la sociedad está intrínsecamente fragmentada en diversos lazos sociales. Pensar que se reúne en un todo no es más que un acto de fe.”
Sostenemos que los movimientos neopopulistas han contribuido a romper este “acto de fe” en la totalidad social. Han dejado al descubierto la lógica imaginaria del dominio de unos sobre otros, dejando a los sujetos sin el amparo simbólico que brinda la ilusión de sociedad; y, la ironía, ha sido un medio para ello.
Pero Miller nos ayuda con algo más al describir los matemas que crea Lacan para dar cuenta del lazo social en oposición al Todo-Uno social: “Esto inspiró a Lacan la operación que nos ha orientado durante muchos años -y que está en el texto mismo de Freud- de comparar la acción de gobernar, la de educar y la de psicoanalizar. Lacan añadió la de la histeria, que no es ni gobernar, ni educar, ni psicoanalizar, sino contestar al amo. La histeria apunta al amo significante. El la añadió en el momento preciso, después de 1968, cuando se vio que la histeria podía convocar masas, ser una pasión social e inspirar la ironía y la sátira.”
Si la ironía va contra el amo y es resultado de una inspiración histérica; entonces confirmamos su potencia subversiva como posible causa de malestar social. Sin perder de vista que la potencia de ese significante amo contra el que se dirige, varía de una a otra época.
Nuestra hipótesis temprana es que la ironía de la globalidad tiene un lugar y una forma de escritura distinta a la que podíamos registrar en la modernidad. Pensamos que la ironización en la modernidad no era especialmente agenciada por el discurso político. Proponemos, en cambio, a la literatura como agente sintomático privilegiado de la ironía de la época moderna. A lo que apuntamos es que si mantenemos la rigurosidad de estudiar la ironía por sus efectos, existen agentes más efectivos que otros y que éstos variaron de una a otra época. La literatura de la modernidad y en particular el romanticismo, recogió fenómenos de alta intensidad irónica. Es quizás allí donde se nos revele un rasgo distintivo que nos permita la relación con los efectos de la ironía de la globalidad.

La ironía, definición

El término griego del que procede ironía, εἰρωνείa (eironeia) proviene de eiron, el pícaro o simulador, que finge ignorar aquello que conoce. A lo largo de la historia la ironía ha sido objeto de estudio de distintas disciplinas: la retórica, la filosofía, la lingüística, la teoría literaria y actualmente la pragmática.
En el campo de la filosofía interesa este concepto porque forma parte de un método para acceder a la verdad y al conocimiento; Sócrates la usaba para abrir el camino dialéctico de su Mayéutica. Un acto irónico desplaza las estructuras que, antes de ser enunciadas irónicamente, se mantenían en el lugar de la certeza. La ironía socrática buscaba desplazar la posición de saber de sus discípulos demostrándoles su ignorancia, y, desde allí, poder comenzar a conocer. Tiene sentido liberador en razón de su carácter dialéctico. Vásquez (1955) lo señala con claridad: “Sócrates, a una tesis mantenida por su dialogante, opone otra. Parte de la propia conciencia del sujeto, para ir desarrollando lo que está contenido en su pensamiento, pero nunca se pronuncia directamente contra la tesis en discusión”. Este movimiento dialéctico, continúa Vásquez, conlleva al escepticismo, ya que ninguna tesis puede sostenerse por su opuesto, relativiza todo conocimiento y toda ley. Es este el peligro de la ironía socrática: “convierte a la conciencia individual en un poder que puede decidir acerca de lo verdadero y lo falso.” Esta reflexividad de la conciencia sobre sí misma hace aparecer por primera vez (según la lectura que hace Vásquez sobre Hegel) la subjetividad libre, propia del mundo occidental. La ironía socrática es subversiva frente a lo establecido. Reduce a nada las costumbres y leyes al descubrir la libre subjetividad.
Sin embargo, Sócrates buscaba la verdad objetiva y no la producida por el sujeto, por ello, no hace de la subjetividad un absoluto. Los idealistas alemanes, en cambio, colocaron el yo como principio y centro del mundo y del conocimiento. Un yo absoluto.
Sigamos a Vásquez para revisar la ironía romántica: “Hegel atribuye a Federico Von Schlegel el haber descubierto esa ironía a la que califica de divina. La describe así: “..es la concentración del yo dentro de sí mismo, para el cual están rotos todos los vínculos y que solo quiere vivir, en la felicidad del propio disfrute.” Es la ironía de simular que algo existe sabiendo que nada existe. “La fuerza de la negatividad. Es esa fuerza la que está actuando en la ironía romántica, es ella lo que convierte en apariencia lo que se presentaba como sólido y estable, y es ella la que destruyendo la existencia aparente confirma la existencia del yo y la hace disfrutar de su poder. En la destrucción encuentra el goce”.
Desde una aproximación más reciente, podemos decir que lo que se ha escrito sobre la ironía se puede generalizar en dos grandes categorizaciones: los que se aproximan desde la semántica y los que la estudian desde sus aspectos pragmáticos. Éstos últimos se distinguen por tomar en cuenta el análisis de aspectos inherentes al acto comunicativo como la intencionalidad de los hablantes, la situación comunicativa, su función y el efecto que se produce a partir del acto de habla en su doble fuerza ilocutiva y perlocutiva. Aunque la Pragmática es una disciplina reciente, se pueden percibir antecedentes de este tipo de estudio en la ironía romántica de Schlegel, comentada en párrafos anteriores.
La categorización semántica, por su parte, apunta al estudio de los niveles de correspondencia entre el signo y el referente. Sin embargo, ambos estudios no se plantean ni como opuestos ni como complementarios. “De hecho entre ambas no hay relación de oposición y exclusión, pero tampoco de perfecta coordinación y complemento. Más bien, de lo que cabría hablar es de una relación de proporción inversa, es decir, que cuanto más primara una de las dos vertientes de la ironía, menos lo haría la otra, pero sin que ninguno de las dos haya desaparecido nunca de las diversas definiciones que de la ironía han surgido a lo largo de la historia.”
Kocman (2011) reconoce en la definición de ironía que da el Diccionario de la Real Academia Española, tres concepciones del fenómeno. La primera acepción se refiere a la ironía verbal; la segunda a la ironía situacional; y la tercera a la ironía como figura retórica.
Ironía: “ 1- Burla fina y disimulada. 2-Tono burlón con que se dice algo. 3- Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice, generalmente como burla disimulada.”
Tanto la Pragmática como la Teoría Literaria coinciden en ver en la historia de la ironía dos grandes corrientes. Para orientar nuestro trabajo nos apoyaremos en la corriente romántica-pragmática ya que los románticos se diferenciaron de la perspectiva retórica en su pregunta por los efectos de la ironía. “Los románticos afirmaban que la expresión irónica a diferencia de la expresión literal, producía efectos emotivos, estilísticos, afectivos, etc. Por tanto los románticos fueron los que se dieron cuenta de las otras facetas del significado irónico.” En esto la Pragmática coincide con los románticos, pues su investigación acerca de la ironía está determinada por el análisis del acto comunicativo en su complejidad.
Nos interesa esta perspectiva en tanto introduce el estudio del sujeto y los efectos que en él se producen; mientras que la perspectiva Retórica-filosófica se circunscribe al fenómeno verbal de la ironía, aislando el análisis de la situación comunicativa.

Distinción entre ironía, chiste y humor.

En su investigación sobre el chiste y su relación con el inconsciente, Freud hace una extensa clasificación de éstos para tratar de encontrar lo propio de la naturaleza y el mecanismo del chiste; para ello, analiza las técnicas que los producen. Entre estas técnicas destaca la representación antinómica: “un medio muy frecuentemente empleado y de poderoso efecto de la técnica del chiste. Pero no debemos perder de vista otra circunstancia importantísima, y es que tal técnica no es privativa únicamente del chiste.“ “Cuando en el Simplicissimus se publica una colección de inauditos cinismos y brutalidades bajo el epígrafe de “La bondad humana”, se trata también de una exposición antinómica. Mas esto se denomina “ironía” y no “chiste”. La técnica de la ironía es precisamente la representación antinómica. Oímos, además hablar del “chiste irónico”. No puede dudarse ya de que la técnica sola no basta para caracterizar el chiste.”

La ironía es entonces una figura que responde a la técnica de representación antinómica, misma técnica capaz de producir un chiste irónico.

Por su parte Manuel Baldiz señala que el chiste y la agudeza pertenecen al ordenamiento simbólico; mientras que lo cómico pertenece al orden imaginario. El sentido del humor, en cambio, “apunta a cierto grado de relación del sujeto con lo Real, quizás en el límite entre lo Real y lo Simbólico.” “no es algo que está exactamente del lado de lo cómico y del chiste…permite a los humanos enfrentar lo Real y el sin-sentido de la existencia ubicando una sonrisa en lugar de la angustia y de la nada.” Sabemos por Freud que la ironía es una figura que participa del humor, sin embargo se han precisado distinciones; para referirse a la ironía Baldíz cita a Lacan : “En cuanto a decir que una reacción como la ironía es agresiva por naturaleza no me parece compatible con algo que todo el mundo sabe, que lejos de ser una reacción agresiva la ironía es ante todo una forma de interrogación, una modalidad de pregunta.”
A partir de esta precisión, podemos ubicar cierta relación entre la ironía y la verdad. Freud la señala al analizar la técnica antinómica que junto a la del contrasentido forman la categoría de los “chistes escépticos” “El más serio contenido de este chiste es, sin embargo, la interrogación que abre sobre las condiciones de la verdad….Aquello que atacan no es una persona ni una institución, sino la seguridad de nuestro conocimiento mismo, uno de nuestros bienes especulativos.” La ironía interroga las condiciones de la verdad para desequilibrar la seguridad del conocimiento.

Otra distinción evidente es que la ironía no es una formación inconsciente como lo es el chiste. Para Freud, la ironía es la posibilidad de eludir por la vía del sentido una argumentación directa. Es una forma expresiva del pensamiento que produce placer. Ahorra toda réplica, pero necesita para ser entendida de una disposición del oyente a la contrarréplica. El placer del oyente está en la pronta entrada y salida de la contradicción. En el reconocimiento de la superfluidad irónica.

Para continuar con la distinción entre el humor y la ironía sigamos a Miller en su conferencia “Ironía” ; en ella la figura aparece ligada a la psicosis y funciona de forma privilegiada en el esquizofrénico definido así por Miller: “como el sujeto que se especifica por no estar cogido en ningún discurso, en ningún lazo social…es el único sujeto que no se defiende de lo real por medio de lo simbólico…porque para él, lo simbólico es real.” Resulta sorprendente partir de esta patología para analizar un nuevo rasgo de la estructura de la ironía, tomándola por otro sesgo. Continúa Miller: “Mientras que el humor se ejerce desde el punto de vista del sujeto-supuesto-saber, la ironía sólo se ejerce allí donde la caída del sujeto-supuesto-saber se ha consumado.”
Si quisiéramos relacionar lo hasta aquí expuesto por el psicoanálisis con las categorías tradicionales, diríamos que no sólo coincide sino que expande la perspectiva retórica según la cual lo propio de la ironía es su antinomia. Dirigiendo un doble mensaje revela el acto fallido estructural de todo enunciado: siempre contingente en la no-esencial relación entre significado y significante. Muestra la verdad de la no correspondencia unívoca entre signo y referente. También amplía la perspectiva pragmática, pues descubre en la ironía la intención del sujeto de interrogar las certezas, al tiempo que denuncia el carácter ilusorio del vínculo social en su condición de semblante. Vemos aquí un ejemplo claro de cómo la perspectiva psicoanalítica abre el espectro del fenómeno.
Para Baldíz “La ironía ha acabado convirtiéndose en uno de los conceptos nucleares de la posmodernidad.” Es un fenómeno central en la época que ha visto caer el Nombre del Padre.
La ironía se coloca más allá del humor para atacar al gran Otro en su estatuto de verdad.

La ironía en la literatura romántica y sus efectos sociales.

El romanticismo comienza a finales del siglo XVIII y con él surgen las preguntas por el sujeto, su individualidad, sus límites en relación con el mundo, su interioridad, el lugar del autor y su relación con la obra. Las emociones, la libertad y la espontaneidad dejan de ser negadas o disimuladas según los ideales de la ilustración: razón, equilibrio y mesura; a ser exaltadas e invocadas como garantías de creatividad, originalidad y autenticidad literaria.
En la literatura se transita de un héroe clásico y racional a uno rebelde. Sin embargo, y al contrario de lo que suele reseñarse, el romanticismo no se alza contra la estética neoclásica que para la época ya estaba en decadencia. Lo hace contra una corriente contemporánea: la mímesis costumbrista. Esta se presenta como el forjamiento de la identidad cultural de la nueva clase media. Con la literatura costumbrista la burguesía se coloca a sí misma en la palestra cultural para mostrar sus valores, ideales y formas de vida, diferenciándose así de la literatura neoclásica que reflejaba las costumbres monárquicas hasta el momento dominante. Así, el romanticismo se opone a esta visión mimética del mundo (que tendrá como resultado el posterior realismo moderno) para proponer la emoción y el distanciamiento de la realidad por la vía de la expresión libre.
Pero el romanticismo no sólo fue un movimiento artístico. Tuvo importantes consecuencias políticas pues fue germen de la llamada primera oleada del nacionalismo o “nacionalismo romántico” que difundió la idea esencialista de la nación. Esta idea proponía que una nación se consolidaba al unificar una misma lengua, un mismo origen, un mismo folklore, y, una misma etnia. El romanticismo se decanta como defensor y devoto de lo único. La consecuencia de ello va a ser que el Liberalismo y el Romanticismo aparezcan indisolublemente unidos. Respecto del romanticismo español, Diego Martínez Torrón apunta: “De hecho los periódicos llevan siempre una parte política y otra literaria en sus páginas, en un período en que las letras tenían un aire apasionado y revolucionario.” Ideas como “el espíritu del pueblo” y el “mito de la nación” son elaboraciones románticas. El romanticismo alza el ideal de la Nación, distinto a la conocida hasta entonces como la noción de “soberanía popular” que la Revolución Francesa había ubicado en la realidad del pueblo concreto. Con el romanticismo aparece la Nación ideal, germen de los futuros movimientos nacionalistas.
En este contexto, nos proponemos estudiar las incidencias sociales de la ironía en tanto se nos presenta como un recurso desarrollado de forma privilegiada por la literatura romántica.

KASILÍNEAS

Casandra Indriago

 


Es actriz,  licenciada en Letras y Doctoranda en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela. Profesora del área de lengua y literatura en las carreras de educación de la Universidad Nacional Abierta. Estudia psicoanálisis de orientación lacaniana en la NEL Caracas.  Actualmente reside en Quito, Ecuador.

Analizante y apasionada de los significantes.

 

Crea tu propio blog con WordPress.com.

Subir ↑